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jueves, 26 de marzo de 2009

Interpretación y su prudencia



El psicoanálisis tiene una veta de sometimiento que no suele funcionar con psicóticos.


Interpretar puede ser una hoja afilada que abra heridas innecesarias. Interpretar puede ser entendido en el sentido freudiano de cirugía, y eso, a simple vista parece sádico.
La interpretación es el elemento princeps del psicoanálisis. La forma de intervenir por excelencia, la que facilita el “insight” y penetra en el inconsciente, conectando elementos disociados. Ayudando a hacer ver las conexiones que existen en el problema.
No obstante, la interpretación puede ser un bisturí que abre como cirugía sin anestesia la carne del yo de un individuo que está delante de nosotros pidiendo ayuda, no que le abramos en canal, y los resultados de una intervención de este tipo puede ser una profunda angustia y una profunda repulsa, merecidamente ganada, hacia nosotros. Hay personas, que no deben ser interpretadas, los psicoanalistas más “sagaces”, con tintes más “puretas” caen en la taxonomía psicoanalítica y hablan de que estos individuos se sienten “perseguidos” por las interpretaciones. Esto me parece una soberana estupidez coronada de guirnaldas, pomposidad y tradición decimonónica.
La persona que sufre pide ayuda para que se ayude, no para que se haga alarde de un saber y se ataque con “puas”, en el mejor de los casos, una persona que nos tenga cariño nos puede llamar “Espinete”. Quiero transmitir que la violencia de la interpretación y de todo tipo de intervención incisiva a de ser guardada para que sea el propio consultante el que sea capaz de construirla en el marco que le brindamos, un marco de confiabilidad, protección y dirigido a explorar juntos con la asistencia y abstinencia del psicoterapeuta, un conflicto que asusta.
La interpretación es clave en psicoterapia, es una intervención fundamental pero es un elemento que hay que tomar con humildad, con cuidado y utilizar con mesura. Interpretar con un tono interrogante siempre es menos agresivo que las interpretaciones imperativas de media hora de la señora Klein, la que parecía curar por sumisión. No obstante era una mujer absolutamente genial.
La interpretación debe ser guardada para el consumo interno del psicoterapeuta, que probablemente es el único que la vaya a entender porque conecta su subjetividad con la de otro. Y si eso se pone en palabras en un contexto no “suficientemente bueno” el resultado es inocular el caos, lo informe y poblar así, de nuevo, el mundo interno del consultante de objetos persecutorios. Consiguiendo retroalimentar la imagen mental que dispone para relacionarse con el exterior, hostilidad y peligro.
Por tanto, procurémonos ser más humanos y menos pedantes, esto nos conectará más a nuestros pacientes y nos distanciará de cierta ciencia, un estorbo para conectar con un ser humano, el camino de la curación, la vía de la salud.