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domingo, 19 de abril de 2009

Estudio Psicoanalítico de la psicosis maníaco-depresiva

Estudio psicoanalítico de la psicosis maníaco-depresiva

Autora: Marga Auré
Fragmentos de su trabajo. Citas de Freud y Lacan, como no.

Históricamente, la psicosis maníaco-depresiva se considera como un modelo de enfermedad endógena. En psiquiatría se la plantea como una alteración biológica de la regulación del humor.
Para el psicoanálisis, en la psicosis maníaco-depresiva se produce la disociación entre la economía del deseo y la decisión de goce del sujeto.

A pesar de que la manía es una entidad ubicada en psiquiatría dentro de las alteraciones del humor, el psicoanálisis no considera que la euforia sea su característica más importante, ya que a menudo no está presente. El síntoma principal que caracteriza a la manía es la fuga de ideas, que por su intensidad puede dar como resultado una excitación mortal.

Manía y melancolía son entidades perfectamente delimitadas por la psiquiatría clásica y retomadas por el psicoanálisis. Freud utilizó particularmente las descripciones de Krafft-Ebing y Kraepelin. Lacan explicaba la influencia de Clérambault en su estudio de las psicosis, especialmente con la noción "núcleo psicótico de automatismo mental".

En su artículo de 1915, "Duelo y melancolía", Freud describe la manía de la siguiente forma:
"El alegre estado de ánimo, los signos de descarga de esta alegría y la intensa disposición a la actividad, son los caracteres de la manía, pero constituyen la antítesis de la depresión e inhibición, propias de la melancolía. Podemos atrevernos a decir que la manía no es sino tal triunfo, salvo que el yo ignora nuevamente qué y sobre qué ha conseguido ese triunfo.

La intoxicación alcohólica, que pertenece a la misma clase de estados, en tanto que es un estado de elación, puede explicarse de la misma forma."

"El contenido de la manía es idéntico al de la melancolía. Ambas afecciones lucharían con el mismo "complejo", el cual sojuzgaría al Yo en la melancolía, y quedaría sometido o apartado por el Yo en la manía (...) En la manía tiene que haber dominado el Yo la pérdida de objeto (o el duelo producido por dicha pérdida o quizá al objeto mismo), quedando así disponible todo el montante de contracarga que el doloroso sufrimiento de la melancolía había atraído del Yo y ligado. El maníaco nos evidencia su emancipación del objeto que le hizo sufrir, emprendiendo con hambre voraz nuevas cargas de objeto".

"El Ideal del yo se confunde periódicamente con su Yo, después de haber ejercido sobre él un riguroso dominio, (...) es indudable que en el maníaco el Yo y el Ideal del yo se hayan confundidos, de manera que el sujeto, dominado por un sentimiento de triunfo y de satisfacción, no perturbado por crítica alguna, se siente libre de toda inhibición y al abrigo de todo reproche o remordimiento."

En "Duelo y melancolía", el concepto freudiano de manía se centra en la noción de pérdida del objeto; el Yo domina dicha pérdida. En "Psicología de las masas...", Freud ve en ese dominio la huella de la indistinción, de la confusión entre Ideal del Yo y Yo. En El Yo y el Ello, la manía se articula como defensa contra la melancolía.

"La tristeza, por ejemplo, se la califica de depresión. (...) Pero no es un estado de ánimo, es simplemente una falta moral (...) una cobardía moral (...) Y lo que sigue, por poco que esta cobardía, por ser rechazo del inconsciente, vaya a la psicosis, es el retorno en lo real de lo que ha sido rechazado, del lenguaje; es la excitación maníaca por la que ese retorno se hace mortal."

La concepción lacaniana de la manía es del orden simbólico: la manía como no función del objeto a, lo que produce la falta de condensación del goce que normalmente se ubica en el objeto a. De este fenómeno se deriva la fuga de ideas, consistente en un defecto del punto de capitoné que fabrica una sucesión interminable de S1, en lugar de la articulación significante S1-S2 que representa al sujeto.

"Tantos hechos clínicos, tantos modos de funcionamiento diferentes; de ahí la necesidad de un estudio diferencial de la depresión, desde el psicoanálisis; de ahí proviene también la difracción del significante "depresión" en la clínica freudiana y lacaniana: duelo, angustia, inhibición, paso al acto, rechazo del inconsciente, melancolía, tristeza, cobardía moral, asco de sí mismo, dolor de existir, por no citar más que algunos pocos términos que reflejan los diferentes aspectos que revisten las depresiones.
La clínica psicoanalítica tiene pues que dar cuenta en términos de estructura de cada una de las muy diversas formas de depresión que encuentra, es decir, que debe elaborar cómo se inscribe cada sujeto, con su sufrimiento, en los modos de funcionamiento articulables. Esto corresponde, por ejemplo, a las maneras en que el sujeto se sostiene en la función de la castración, en que sitúa su relación con el objeto, así como su posición en relación al Otro, y esto tanto en lo que concierne a la queja que en ocasiones es lo que le lleva al psicoanálisis, como a los efectos depresivos que pueden producirse en el curso de la experiencia analítica misma."

Así describe Freud la clínica de la melancolía en "Duelo y melancolía" en 1915:
"La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio. Esta última se traduce en reproches y acusaciones, de que el paciente se hace objeto a sí mismo, y puede llegar incluso a una delirante espera de castigo. Este cuadro se nos hace más inteligible cuando reflexionamos que el duelo tiene también estos caracteres."

"Hace falta seguir este texto (Duelo y melancolía) y entender lo que Freud nos indica de no sé qué decepción, que él no sabe definir, pero que está ahí. ¿Qué rasgos se dejan ver de un objeto tan velado, enmascarado, oscuro? El sujeto no puede prenderse a ninguno de los rasgos de este objeto que no se ve, pero nosotros, analistas, al seguir a este sujeto, podemos identificar algunos de ellos a los cuales el melancólico apunta como sus propias características. Yo no soy nada, no soy más que basura.
Noten que no se trata de la imagen especular. El melancólico no les dice que tiene mala pinta, o que tiene mal aspecto o que está torcido, sino que es el último de los últimos, que provoca catástrofes a toda su familia, etc. En esas autoacusaciones, está enteramente en el dominio de lo simbólico. Añádanle esto -está arruinado. ¿No está hecho esto para ponerles sobre el camino?".

El rasgo clínico más importante de la melancolía, y que le distingue del resto de estados depresivos, es la culpabilidad y el sentimiento profundo de indignidad. Es una certeza delirante de autoacusación que no concierne a la imagen especular sino que se encuentra enteramente en el terreno de lo simbólico.

J. Séglas señala la importancia de los "fenómenos fundamentales" en la melancolía. J. Cotard plantea los fenómenos de la melancolía bajo el ángulo de la negación.

"Mas, ¿en qué consiste la labor que el duelo lleva a cabo? A mi juicio podemos describirla de la manera siguiente: el examen de la realidad ha mostrado que el objeto amado no existe ya y demanda que la libido abandone todas sus ligaduras con el mismo. (...) Cada uno de los recuerdos y esperanzas que constituyen un punto de enlace de la libido con el objeto es sucesivamente despertado y sobrecargado, realizándose en él la sustracción de la libido. (...) Al final de la labor del duelo, vuelve a quedar el Yo libre y exento de toda inhibición."

"La libido libre no fue desplazada sobre otro objeto, sino retraída al Yo, y encontró en éste una aplicación determinada, sirviendo para establecer una identificación del Yo con el objeto abandonado. La sombra del objeto cayó así sobre el Yo; este último a partir de este momento, pudo ser juzgado por una instancia especial, como un objeto, y en realidad como el objeto abandonado. De este modo se transformó la pérdida de objeto en una pérdida del Yo, y el conflicto entre el Yo y la persona amada, en una disociación entre la actividad crítica del Yo y el Yo modificado por la identificación."

"El análisis de la melancolía nos muestra ahora que el Yo no puede darse la muerte sino cuando el retorno de la carga de objeto le hace posible tratarse a sí mismo como un objeto; esto es, cuando puede dirigir contra sí mismo la hostilidad que tiene hacia un objeto; hostilidad que representa la reacción primitiva del Yo contra los objetos del mundo exterior."
"La miseria del melancólico constituye la expresión de una oposición muy aguda entre ambas instancias del Yo (Yo y Superyó o Ideal del Yo); oposición en la que el Ideal, sensible en exceso, manifiesta implacablemente su condena del Yo con la desvalorización y la autohumillación. (...) El objeto queda luego reconstituido en el Yo por identificación y es severamente juzgado por el Ideal del Yo. Los reproches y ataques dirigidos contra el objeto se manifiestan entonces bajo la forma de reproches melancólicos contra la propia persona."
"Volviendo a la melancolía, encontramos que el Superyó, extremadamente enérgico, y que ha atraído a sí la conciencia, se encarnece implacablemente contra el Yo, como si se hubiera apoderado de todo el sadismo disponible del individuo. (...) En el Superyó reina entonces la pulsión de muerte, que consigue con frecuencia, llevar a la muerte al Yo, cuando éste no se libra de su tirano refugiándole en la manía."
"El sujeto melancólico está condenado por la instancia exterior ya que está dividido por su propio goce, cuyo retorno está determinado por la forclusión del Nombre del Padre. El sujeto, golpeándose, manifiesta en el mismo golpe el registro de la identificación significante de la forclusión y el registro del goce."
Freud, en "Duelo y melancolía", considera como primordial en la melancolía el conflicto de ambivalencia. La identificación narcisista con el objeto produce que la sombra de éste recaiga sobre el Yo de una manera sádica. La pérdida del objeto, la ambivalencia y la regresión de la libido hacia el Yo son los mecanismos de acción en la melancolía. En "Psicología de las masas...", el Ideal del Yo condena y humilla al Yo identificado con el objeto. En El Yo y el Ello, Freud hace responsable a la pulsión de muerte del sadismo del Superyó.

"Este objeto a está habitualmente enmascarado detrás del i(a) del narcisismo; que el i(a) del narcisismo esté allí para que en el cuarto nivel el objeto a sea enmascarado, desconocido en su esencia, es eso lo que necesita el melancólico para pasar, pudiera decirse a través de su propia imagen, y atacándola de entrada para poder llegar a alcanzar en este objeto a que le trasciende, aquello cuyo dominio se le escapa, aquello cuya caída le arrastrará en la precipitación, el suicidio, con este automatismo, este mecanismo, este carácter necesario y fundamentalmente alienado con el cual ustedes saben que hacen los suicidios los melancólicos, no en cualquier cuadro: y si ocurre tan a menudo por la ventana, no es por azar, es el recurso a una estructura que no es otra que aquélla que yo acentúo como la del fantasma."

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola! Me interesó mucho esta publicación; varias veces la leí. Soy estudiante de Psicología, de Argentina. Me interesa mucho el Psicoanalisis y por sobre todo me interesa Lacan, trato de entenderlo, aunque se que su teoría es muy rica y compleja. Estoy interesada en saber mas sobre la psicosis maniaco-depresiva en relacion al psicoanalisis y tambien sobre algunos trastornos de la personalidad como trastorno esquizotípico de la personalidad. Saber mas de la mirada de Lacan sobre la psicosis, en especial el trastorno bipolar.
Gracias por su atención. Atte. Maria.