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viernes, 8 de mayo de 2009

Sobre Janine Puget


De http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=6120

Dra Janine Puget - Reseña Curricular

* Psicoanalista en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA.)

* Miembro fundador de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG)

* Autora de profuso material teórico.

Paraguay 2475 (1121) Buenos Aires.

Email: janinep@fibertel.com.ar



-En el libro Lo vincular escrito junto a Isidoro Berenstein postulan la inoperancia del encuadre analítico bipersonal para conflictos que permanecen sin modificación. Dicen: No todo encuadre es apto para toda transferencia. ¿Cuáles son las limitaciones clínicas que presenta el encuadre formulado para el análisis individual?

-Eso lo sigo manteniendo. Yo creo que en una época, se pensaba que toda persona debía ser apta para analizarse y todo encuadre analítico debía ser apto para producir transferencias y que si no las producía era por resistencia, pero que trabajando la resistencia se podía recuperar la capacidad de transferencia de un sujeto. A lo largo de estos años, fui pensando que no, fui considerando que era una visión omnipotente de los analistas que pensaban que no importaba quién fuera uno, porque transferencia se iba a producir. Después, reflexioné que si uno ve empíricamente cómo se produce encuentro entre dos personas, no con toda persona hay un encuentro. Puede ver a alguien, pero no se origina lo que se llamaría una producción vincular. ¿A qué se debe? Es difícil decidirlo. Es similar a por qué dos personas se enamoran. Se puede explicar por la historia, por repetición, por identificaciones, pero en verdad, no hay una explicación última, sino que es puramente azaroso, ligado a cómo se hace un encuentro. Hay encuentros que se dan y otros que no se dan. Para que haya un efecto de encuentro, tiene que haber un efecto por el cual la alteridad –el ser otro– de cada una de las personas que integran un vínculo sea capaz de producir consecuencia al otro. A veces, hay situaciones en que el otro es tan otro, con una marca de alteridad de tal cualidad que no produce efecto en el otro, no lo afecta, sino que queda indiferente. En cambio hay otros en los que el efecto de alteridad produce curiosidad, interés, molestia también, porque la molestia es interesante ya que no deja indiferente. Entonces, pienso que, primero, no todo analista es apto para analizar cualquier paciente. Y segundo: si alguien viene con un conflicto que es eminentemente en el vínculo de pareja, por ejemplo, y se pasa en análisis individual hablando de ese otro ausente, que además no tiene derecho a la palabra porque no está, entonces, puede decir fulano me dijo, y yo le dije, y me hizo, y yo le hice, etcétera, pero el otro no está para decir: “no es así, yo soy otro”. Hay algo que está faltando como si fuera una silla a la que le falta una pata. En ese caso, creo que es mucho más eficaz hacer un análisis de pareja para proponer el trabajo sobre el conflicto tal como se plantea, y en todo caso, después, se va abriendo a otras problemáticas que puedan tener las personas, pero que están taponadas por el conflicto vincular. De igual modo por momentos, en una familia, lo importante es poder ver a la familia y no dedicarse a lo que llaman el miembro designado, el miembro enfermo. Ver la familia como estructura y ver cómo funciona esa familia para que haya tal malentendido y semejante necesidad de segregar a alguno de sus miembros como si fuera el miembro enfermo. Entonces, me parece que, en cada circunstancia, es necesario hacer un diagnóstico de situación y ver por dónde se va a dar el mejor abordaje para producir algún tipo de transformación.

-¿Pensaría el abordaje de pareja o de familia como un momento puntual?

-No. Con un tratamiento que puede ser muy largo, tan largo como un análisis individual. Es una forma de abordaje. Puede abordar por acá, puede abordar por allá y, después, como cualquier relación, se va complejizando cada vez más y abriendo muchas líneas que siempre son enriquecedoras. En general, los tratamientos, cuando empiezan, están como centrados, apelmazados en un síntoma o en una problemática que cuesta abrir, y nuestro trabajo es ir dándoles otro sentido, otros significados. Hay una tendencia, a establecer una relación causal determinística entre el pasado de las personas y su presente, y si bien algo de eso hay, de todas maneras, no es lo único que produce dificultades. No es el pasado lo que produce dificultades únicamente. Lo que las produce es lo que se va dando en el presente que es siempre imprevisible, siempre novedoso y las personas tratan de anular todo lo novedoso con explicaciones causales. Pensemos en los recientes sucesos acaecidos en Carmen de Patagones (Argentina), excepto un texto de Eva Giberti que fue excelente, la mayoría de los comentarios buscan culpables, atribuyen como causas la violencia social, la violencia de Estado, los padres, o lo que fuera. Muy pocos se animan a ver cuál es la nueva situación que se ha producido con esta catástrofe[1]. Se percibe que es tal la necesidad del aparato psíquico de encontrar causas, explicar –lo que llaman comprender– que olvidan qué es lo que se ha producido y cómo hacerse responsables –no culpables– de esta nueva situación. Lo tomo como un ejemplo muy actual y muy dramáticamente elocuente de la incapacidad de los seres humanos, ayudado además por el sensacionalismo de los medios de comunicación, para meterse en una situación nueva, asombrosa, triste, penosa, y ver cómo posicionarse en ella. Se busca historia, se buscan culpables. Habrá que ver qué dicen los expertos hablando con el chico, hablando con la familia, cómo se establece una nueva situación, con qué lineamientos, cómo se trabaja todo eso, pero no como se generaliza y universaliza al plantear que ocurrió como en Colombine o Trelew y por eso se trata del mismo fenómeno. Es un horror.

Esto nos lleva a pensar qué hacemos con esto actual. Cautela, diría yo. Hay que saber que se crea una nueva situación frente a la cual tenemos instrumentos viejos, y tenemos que construir las herramientas de hoy. Somos espectadores y tenemos que ver si uno puede acercar alguna ayuda, cada uno desde su lugar, y respetuosamente, ver cómo están manejando esa situación para aprender. Lo está encarando la escuela, el director de la escuela, el gobernador, la familia, viendo los daños que eso ha causado. Lo que se observan son efectos terribles, con lo cual, si se quiere ayudar o hacer algo, habrá que hacer algo con los efectos.

-En el prólogo del libro: La Pareja. Encuentros, desencuentro, reencuentros, refiere que en la actualidad privilegia como paradigma del contexto social la oposición pobreza-abundancia, con diversos niveles de semantización. ¿Cuáles son las manifestaciones de ese paradigma?

-Yo estoy trabajando mucho en las nuevas producciones sociales –nuevas, que se producen todos los días–, las que generan de un tiempo a esta parte, lo que llamo “la dictadura económica”, o sea, el nuevo poder político, que es el poder económico, ligado a la globalización, a sus efectos en cada país, cada región, cada pueblo. Por lo tanto estoy trabajando, las consecuencias de la pérdida de la hegemonía del Estado-Nación en tanto poder político y la constitución de las nuevas producciones sociales ligadas a un mundo que se constituye –tomando el concepto de Bauman de la modernidad líquida o de Lewkowicz, de la constitución en la fluidez o mío que sería la constitución subjetiva sobre arenas movedizas–, que se contrapone o se superpone a las constituciones subjetivas en mundos estructurados. Mundos estructurados sería Estado-Nación y familia, donde hay lugares y funciones para cada habitante de esas estructuras que están determinadas por la misma estructura, mientras que estas otras producciones sociales se construyen en un mundo en el que no hay lugares fijos, sino que hay que inventarlos. Las nuevas producciones sociales que vengo tratando de pensar son todas aquellas que nacen de la fluidez, que se originan sobre un mundo que no está instituido por el Estado-Nación y que son constituciones espontáneas de personas que se reúnen para hacer algo, para salir de la pobreza, para no quedarse esperando que el Estado les dé, sino viendo sus capacidades de fundar nuevas estructuras sociales dentro de las cuales crear. Supongamos lo que sucedió con la fábrica Brukman, o los diversos grupos de gente que ocupan fábricas para hacerlas funcionar cuando han sido abandonadas, otro ejemplo es el de los cartoneros, las asambleas, que ahora se han politizado mucho, o lo que en su momento fueron los lugares de trueque. Hoy leía un artículo sobre las huertas privadas que hacen algunas personas ganando, tal vez, cincuenta pesos por semana plantando algo en un rinconcito y produciendo. O un grupo de personas que se reunieron para comprar, por ejemplo en el Mercado Central, comida para un conjunto de gente, carentes, y terminaron siendo nuevos sujetos capaces de organizar una compra en función de las necesidades de las personas. Luego se convirtieron en pequeñas empresas en las que cada uno de esos sujetos, que –de inicio– eran nada más que gente sin trabajo, se transformaron en gente con trabajo. O los microemprendimientos, en los que se le prestan diez pesos, a una persona que los devuelve en un año y que, poco a poco, va aprendiendo a fabricar cosas. Todas estas nuevas producciones sociales nacen de la pérdida de la hegemonía del Estado-Nación, pero tienen su dinámica y su producción subjetiva propia. Los sujetos terminan siendo, además de lo que eran, algo más. Ya no son, por ejemplo, madres de familia, sino operarias trabajando en la fábrica Brukman o en otros lugares, con alguna condición gerencial o empresarial de pequeñas empresas. Con lo cual, me parece que en Argentina, en relación con esta cuestión de abundancia-pobreza hemos conseguido crear nuevas formas de producciones sociales para salir de la pobreza. Hace poco estuve en un Congreso, en Ginebra que se llama La acción trágica del personal del servicio público, traducido quiere decir la pérdida de la función de subvención del Estado y el descalabro en el cual se encuentran, en Europa, las instituciones oficiales. Pero como ellos no tienen ese recurso que tenemos nosotros de solidaridad y de sociabilidad, están en puro desamparo. El Estado no da y no saben qué hacer, con lo cual, los hospitales tienen menos enfermeros, las escuelas, menos profesores, y están quejándose. Cuando yo intervine en el Congreso al cual fui invitada, me dijeron que iban a venir a aprender acá. Me plantearon: “Ustedes allí parece que han encontrado soluciones que a nosotros acá ni se nos ocurren”. Dado que ellos tienen un Estado fuerte, o creen tener todavía un Estado fuerte, no se les ocurre que pueden hacer cosas por su cuenta, porque parten de la idea que el Estado les debe. Eso es lo que me decían: “El Estado nos lo tiene que dar”. Y acá, ya sabemos que el Estado no da con lo cual, tenemos una gran ventaja. No hay que abusar de eso

-Ni tampoco es para vanagloriarse.

-No, pero es para vanagloriarse en el sentido que el ser humano tiene más capacidades que lo que uno cree y que no es todo lamento que el Estado-Nación no ocupe el mismo lugar de antes, pero sí hay que precaverse contra el poder omnívoro de la mundialización y la dictadura económica, y ver cómo se contrapesa. Así, cuando en Suiza les hablé de los microcréditos, que están funcionando bien, les planteé que se trataría de créditos de treinta euros por mes, por ejemplo. Y uno de los participantes me contestó: “Bueno, ¿y con treinta mil euros qué se hace?” A lo cual le respondo: “No, pero usted está equivocado, yo estoy hablando de treinta euros”. Y me dice: “¿Treinta euros? Pero treinta euros no existe”. “Bueno –le digo– en la Argentina, existe, y se puede hacer algo con eso, pero ustedes están tan acostumbrados que hasta me apunta que con treinta mil no se hace nada”. Era un ejemplo de dos mundos. No es lo ideal. Esto no suple lo que el Estado debiera hacer, desde ya, pero no es cuestión de permanecer lamentándose porque el Estado no hace, es cuestión de ir produciendo nuevos modelos de subjetividad social. Esto va al punto de pensar cómo trato este paradigma abundancia-pobreza, no instalándome en el lamento “qué pobres que somos”, sino viendo a partir de ahí y de este paradigma, qué se puede hacer. Yo creo mucho en el poder hacer junto con otros. Para mí, esta es una frase que viene de algún modelo de Hanna Arendt, que piensa que la acción humana es el paradigma de lo que es condición humana, lo que da humanidad al sujeto y el hacer junto con otros tiene que ver, también, con producir comunidad, generar lo común. Para pensar lo común me apoyo mucho en el modelo del italiano Espósito, quien tiene un librito muy lindo que se llama Comunitas que estudia qué quiere decir lo común. Hacer lo común tiene que ver con un derecho, una obligación, un deber y un don. Y analizando todos estos aspectos –obligación, derecho, deber y don– se puede llegar a pensar qué es producir lo común. Me fui un poco lejos.



-Un tema que sugiere controversias es la adscripción a la conceptualización de un inconsciente grupal, con las consiguientes producciones del inconsciente. ¿Qué piensa usted al respecto siendo que plantea un inconsciente vincular?

Dicho muy rápidamente, pienso que el inconsciente tal como lo propuso Freud es un inconsciente establecido de una vez para siempre, algo así como un inconsciente cerrado por más que tenga pequeñas aberturas en las conferencias del 32 de Freud. De todas formas, sigue siendo un inconsciente con representaciones desde el origen que van produciendo cada vez nuevas formaciones sintomáticas. Mientras que yo pienso que, además de esto, se produce inconsciente en el vínculo, en función del efecto de alteridad y de ajenidad; que dos o más sujetos son siempre otros con alter –digamos, siendo alter para el otro– y ajeno para el otro. Definitivamente ajeno, o sea, inasible. Y el efecto de encuentro entre dos alteridades produce inconsciente. Esta formulación que yo le doy es controvertida, es una formulación que produce irritación en algunos analistas de algún tipo –la polémica vale la pena, no importa–, pero es introducir la idea que no hay un inconsciente que se creó de una vez para siempre, sino un inconsciente que se va constituyendo a medida que uno va constituyendo nuevos vínculos.



-¿Por qué plantear en términos de inconsciente lo que se va constituyendo de los nuevos vínculos?

-Por lo mismo que Freud concibió el inconsciente como un por siempre reprimido que produce síntomas, algo que no puede tener acceso a la conciencia más que por sus retoños, por sus producciones. Entonces, pienso que en el encuentro se van produciendo representaciones que nunca podrán tener acceso a la conciencia vincular –los vínculos tienen inconsciente–, pero irán conociéndose sus producciones que provienen del inconsciente vincular.

-¿De manera que usted plantearía que hay síntomas que son producto de una relación vincular independientemente de que ese síntoma se manifieste en uno de esos sujetos?

-Claro, esa sería la idea.

-¿Esto es así en todas las relaciones vinculares?

-En todas, siempre que haya un vínculo que se produce. Siempre que haya lo que se está originando en este momento. Yo no la conozco a usted, sus preguntas alteran un poco mi mente en el sentido que yo tengo que tomar lo que usted dice para pensarlo, y usted –por más que leyó o vio cosas–, no sabe qué es lo que le voy a decir, por lo tanto tiene que rearmar su entrevista con lo que yo le digo. Con algo de lo preparado, pero lo tiene que ir cambiando en función de lo que yo le digo. Entonces, ahí se produce algo entre nosotras, que yo supongo que podríamos llamar vínculo. Porque podría ser que usted venga con su texto me lo lea, yo tenga mi texto anterior y no nos pase nada. No nos pase nada a nivel de que no nos movimos de una posición anterior. Espero que en cualquier vínculo, el hecho del encuentro nos mueva de una posición anterior. No me reconozca de antes.

-En las últimas décadas, se han producido modificaciones importantes en la constitución de las parejas y la familia. Me refiero a matrimonios que se separan; se divorcian; nuevas uniones; la relación de los hijos con las parejas de sus padres; las parejas homosexuales; la aceptación, en algunos lugares, de los casamientos de parejas homosexuales; que estas parejas puedan adoptar niños; entre otras posibilidades. ¿Estas modalidades diferentes de relación plantean distintos modos de abordaje?

No sé qué es primero. Estos modelos heredados de la estructura familiar –diseñada de una manera que nos viene de la modernidad– con funciones fijas, donde los lugares están establecidos, no hay más que ocuparlos y darles alguna impronta personal, ya no tienen la solidez que tenían antes. Muchas de estas constituciones vinculares –para mí, hoy– no corresponden a la estructura armada de la familia tradicional, sino a las constituciones sobre espacios fluidos, o sea, constituciones que se van dando en base, por ejemplo, a lo que instituye el amor, lo que crea las dificultades y los conflictos vinculares. No está más prohibido divorciarse, y está permitido separarse de distintas maneras. Parejas que se separan, pero se siguen encontrando y son amigos, pero no duermen juntos o duermen juntos cada tanto, pero no siempre. No es más la familia que se separó y que nunca más se ven. Son otras formas que utilizan e inventan para ver cómo cuidar, por ejemplo, los hijos o cuidar un aspecto del vínculo que puede ser amistoso, pero no de amor, y que lo que predomina es diferenciar el amor como la pasión, el enamoramiento, de lo que es la relación amistosa. No importa ya si la relación de pareja es de distinto sexo, sino lo importante es el lazo de amor y como se constituye entre dos sujetos, alter, un vínculo sostenido por ese afecto. Esto nos obliga a volver a pensar cuáles son las múltiples formas que puedan tener los vínculos para fundar estructuras estables o estructuras menos permanentes. Entonces, hay que calificar amistad, amor, odio –por supuesto, cada uno tiene su opuesto–, relaciones definitivas, temporarias, para siempre, para un tiempo. Todo esto ha tomado un lugar distinto del que tenía antes. En la época de la modernidad, era muy fijo que uno se casa para siempre, palabras que hoy en día no existen más. Lo de para siempre es para hoy, y si hoy produce el mañana, está bien. Uno lo construye, porque es cómodo pensar que va a ser para siempre, pero no existe. Existe lo imprevisible, lo aleatorio, lo azaroso, y puede durar mucho, pero –insisto– no es para siempre.

-¿Y esto, en la práctica clínica produce efectos?

-Y sí. Primero hay que desmitificar el para siempre y ver el peso pernicioso de lo instituido, el suponer que porque no se hace como hacían antes está mal, esto sería la cultura de la culpa. Uno se siente culpable, porque no repite modelos anteriores, por ejemplo, como nos enseñaron nuestros padres. Eso me parece que hay que trabajarlo, diluirlo, ver que cada época genera sus propios sujetos y sus propias formas de producción social y familiar. Uno construye su familia hoy con los modelos de hoy.

-¿Entonces, usted diría que en la actualidad se funda otro modelo de familia?

-Otros, en plural.

-Pero no diría entonces que la familia está desapareciendo.

No. Los que dicen eso es porque no se terminan de dar cuenta que no tenemos por qué repetir modelos que ya no son adecuados en esta época. Tiempos en que, por ejemplo el trabajo, el poder económico, es tan fuerte que más de una vez las familias están más ocupadas en generar su diario vivir económico que en su lazo de amor. Lo que no impide que lo tengan, pero lo económico ocupa un lugar con lo impredecible del trabajo y del poder económico que no ocupaba en la modernidad. En la modernidad, uno tenía trabajo. Si estudiaba bien y se empleaba bien, tenía trabajo y era seguro. Esto no existe más. Entonces, las familias no se pueden constituir por igual, pero son las familias de hoy, porque la idea de familia sigue estando, sigue habiendo relaciones con diferencia generacional. Padres, hijos, nietos, todo eso existe. Parece que esas visiones que se acabó la familia son apocalípticas y que la gente no renuncia a que se repita la historia. Si no es como cuando era chiquita no existe. No es verdad.

Tenemos que aprender un montón de las generaciones actuales. Yo veo fascinada lo que están haciendo, porque aprendo. No es como me enseñaron de chiquita, pero creo que me gusta más. Es más dinámico. Pasan cosas.

De http://www.enigmapsi.com.ar/paradojaspuget.html

Diferencia entre conflicto y paradoja

Tiene un interés teórico y clínico diferenciar conflicto y paradoja. Por conflicto entiendo la presencia de tendencias opuestas cuya solución dependerá del encuentro de fórmulas donde se articulen con mejor o peor suerte los pares de opuestos. La solución de un conflicto tiene que ver con una transacción y con algún tipo de decisión donde prive un elemento sobre otro. Los conflictos creados por la pucsta en acción de tendencias de amor y de odio hacia una misma persona se resuelven mediante la creación de un estado que posibilita la articulación de ambos, como por ejemplo la ambivalencia hacia un mismo objeto y sus derivados. O también ciertas situaciones o estados donde lo que es placer para una instancia es displacer para la otra, etc.

En cambio el concepto de paradoja lleva a sostener la existencia simultánea de un par de opuestos como condición necesaria de una estructura siendo su solución imposible, no porque no la tenga sino porque el tema no es la solución por reducción sino la utilización dinámica de la misma. La paradoja crea un estado de tensión necesaria y todo lo que es pensado como solución encubre o la disolución de la estructura, o la creación de un ideal que anularía la tensión insoportable, anulando uno de los términos contradictorios.

Se suele hablar de distintos tipos de paradojas pero solo tomaré en cuenta las paradojas lógicas y las paradojas lingüísticas.

Lo que se entiende por solución de una paradoja lógica, o sea de la coexistencia de una afirmación y de su contrario, lleva a la necesaria creación de otro nivel que abarque a ambos. Ese otro nivel interrumpc la circularidad del planteo. Por ejemplo no se puede pertenecer y no pertenecer a una misma clase siendo entonces necesario crear otro nivel lógico que abarque tanto a los conceptos que pertenecen como a aquellos que no pertenecen a la misma clase. Todo enunciado que prctende que A pertenece a una clase y No A pertenece a la misma clase es una paradoja lógica. La solución se encuentra en la creación de un metalenguaje que contenga el A y el No A.

En lo que se refiere a las paradojas lingüísticas según las cuales la afirmación incluye su negación, en el discurso de los pacientes y en este caso de las parejas tenemos numerosos ejemplos: "Te impongo ser espontánea", "Sé que mentís pero contame la verdad", "Contame todo", son algunas de las paradojas clásicamente citadas. Es posible sustentar que las paradojas lingüísticas tienen su fundamento en las paradojas lógicas constitutivas del vínculo.

Las paradojas producen síntomas o por lo contrario crean un estado dinámico que da acceso a otros desarrollos. Es importante detectar aquellos síntomas que tienen como fuente las paradojas fundantes o que se expresan con paradojas lingüísticas. Para abordarlas técnicamente será útil tomar conciencia que la contradicción es inherente a la formación del vínculo.

Roussillon estudió el tema de las paradojas, en especial aquellas incluidas en la teoría de Winiccott. Además se ha ocupado de paradojas a las cuales postula como paradigmáticas de algunos cuadros psicopatológicos. Este autor menciona la "paradoja de la culpabilidad de la inocencia" a la cual presenta como la organizadora principal de la Reacción Terapéutica Negativa y de la necesidad de castigo. También se ocupa de la paradoja del "amor destructivo" como centro de las transferencias pasionales, y de la paradoja del "recuerdo de lo quo no fue experimentado" que concierne a dos modalidades paradojales de las transferencias narcisísticas.

Es posible que futuros estudios nos permitan detectar paradojas a partir de las cuales sea posible definir otros cuadros psicopatológicos.