PEACE

jueves, 30 de junio de 2011

Dependencia Emocional, un caso clínico

Les expongo un caso de Jorge Castelló Blasco, un pionero sobre cuestiones relacionadas con los trastornos de personalidad y la dependencia emocional, aquí él explica un caso. Como compañero, desde Valencia, que es, admiro su valía y su calidad humana y profesional. Por ello les acerco algo de lo que me remitió.

EXPOSICIÓN DE CASO




PR es una joven de 30 años que solicita tratamiento por una ruptura reciente de pareja. Esta relación había durado cuatro meses, pero de gran intensidad por su parte porque estaba muy obsesionada; continuamente se encontraba pensando en este chico (Marcos) que se tomó la relación como un “ligue” sin más. Marcos, según la descripción de PR, es un hombre joven, quizá algo infantil y fantasioso, pero con una personalidad muy marcada, muy seguro de sí mismo y convencido de tener siempre la razón.



A PR le fascinaba esta característica de Marcos aunque, realmente, es algo que siempre ha buscado en los hombres. PR es una chica muy atractiva y de gran valía profesional (es arquitecta y goza de gran reputación a pesar de su juventud), por lo que está acostumbrada a que se le declaren pretendientes o a que, como mínimo, se encuentre con chicos “babosos” –según su denominación- que manifiestan estar desde el principio muy enamorados de ella, cautivados por sus encantos. Pero ella no encuentra atractivos a estos chicos, los ve como débiles, poco interesantes. PR concibe el amor como admiración hacia un hombre al que considera fuerte, y ella se engancha de hombres distantes, seguros de sí mismos, sometiéndose también a ellos aceptando un rol subordinado.



Con Marcos todo fue bien el primer mes, pero a partir de ahí él empezó a manifestar a PR que quizá estaban yendo demasiado rápido, porque captaba que ella quería verle mucho y le llamaba, mandaba mensajes, etc. PR le dijo que esto no era problema, que si era su deseo se limitaría a la hora de llamarle o de pretender estar con él –aunque lo pasara fatal por ello, con una ansiedad descomunal por si esto significaba que se rompía la relación, es decir, que Marcos la podía abandonar-.



Transcurrió más tiempo y Marcos daba cada vez más largas para quedar con PR. Ella se sometía más y más porque sólo podía pensar en él, imaginar la ruptura era auténticamente devastador. No obstante, Marcos rompió la relación porque “no estaba enamorado”, y esto supuso un gran cuadro ansioso-depresivo en PR. En este periodo, intentó reiteradas veces reanudar la relación, aunque Marcos fue muy contundente. Fue en esta situación cuando acudió a nuestra consulta porque pensaba que no lo podía soportar.



Ante nuestras preguntas, nos manifestó que sus relaciones significativas siempre habían sido así, aunque fueron más prolongadas. En todas se enamoró perdidamente de chicos muy seguros de sí mismos, alguno más arrogante y hostil que otro –sobre todo, el primero que estaba involucrado en asuntos de drogas-. Con el que mantuvo una relación más larga, en total de 6 años, se enganchó tanto que permitió que tuviera amantes con tal de que no rompiera. Inicialmente, él ocultaba este hecho aunque PR se enteró y aun así no rompió. Al final, esta persona terminó con la relación porque empezó otra, y en esa situación la paciente se convirtió en amante de ese chico durante un largo año, hasta que él se cansó de ella y le sobrevino un episodio similar al que ha tenido ahora con Marcos.



Después de romper relaciones muy significativas y con un alto grado de desequilibrio (siempre ha estado preocupada por satisfacer a su pareja, pensando continuamente en ella y llevándola en bandeja), ha tenido otras relaciones poco importantes pero que han servido para atenuar su ansiedad, porque no hay nada a lo que tenga más pánico que a la soledad desde que era muy joven.



Nunca ha tenido trastornos de la alimentación, pero desde siempre ha estado muy obsesionada con su físico. Acude todos los días al gimnasio y se cuida la dieta al milímetro porque sería un desastre engordar un kilo de más, aunque es una chica más bien delgada. Dice que no se siente a gusto consigo misma físicamente; es más, jamás se ha sentido a gusto con su cuerpo, si bien es cierto que tiene un gran éxito entre los hombres. Asimismo, aunque se reconoce una buena profesional, algo dentro de ella le dice que no vale tanto como los demás. Sabe que esto no es así y que hace bien las cosas, pero en el fondo no se considera una persona tan importante como las demás. Siempre ha querido ser perfecta y siempre ha tenido la sensación de que no lo es.



En su biografía destaca que, por el oficio de su madre, su familia (padres y dos hermanos más varones) tuvo que ir cambiando de localidad constantemente; de hecho, nunca hizo más de un curso en una escuela, porque al siguiente se marchaba a otro destino. Esto, y su carácter más bien cerrado y seco, hizo que no llegara a conectar con los demás. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que congeniaba más con los hombres que con las mujeres y que estaba más interesada en relaciones de pareja que en relaciones de amistad.



Sus padres se llevaban fatal, produciéndose escenas enormemente desagradables desde que era muy niña. Continuamente se separaban y se volvían a reconciliar en un contexto de gritos y peleas en el que casi ni se daban cuenta de que existían PR y sus dos hermanos, a los que en ocasiones reprochaban que por culpa de ellos tenían que continuar juntos.



El inicio de la terapia se basó en tratar la ruptura que se había producido recientemente. Como PR se encontraba en pleno síndrome de abstinencia, se le informó de este fenómeno y se le propuso no contactar con su anterior relación, al tiempo que se le animó a desarrollar un “plan de emergencia”, que en su caso consistió en tener preparadas diferentes actividades:



• Ir al gimnasio y hacer mucho ejercicio, más del que efectuaba normalmente.

• Escribir sobre sus sentimientos y sobre la necesidad de no contactar con Marcos.

• Leer una carta que se había escrito previamente en la que recordaba sus relaciones y se animaba a no continuar con ese patrón.

• Mandar un correo electrónico al terapeuta en el que comentara cómo se sentía.



Con gran dificultad, consiguió no tener contacto con Marcos. A medida que se lograba un ambiente de mayor tranquilidad, se trabajaron diferentes objetivos como el perfeccionismo, que definimos como una inseguridad afectiva, una insatisfacción de ella consigo misma por la que nunca estaba contenta ni con ella ni con su rendimiento. A tal efecto, propusimos un cambio sustancial en la actitud de PR consigo misma y le sugerimos que tuviera un amor incondicional hacia su persona, sin subordinar dicho amor y valoración a sus capacidades, a su físico o a su rendimiento.



Además de esto y de trabajar otros componentes de la autoestima como el elogio, le solicitamos que pensara en cómo debía ser una relación de pareja satisfactoria. La idea del equilibrio fue la que más se repitió, sobre todo por nuestra parte, para evitar que una actitud de entrega excesiva y sumisión se encargaran de que se repitiera el mismo patrón, algo que ella también quería evitar.



De la misma forma, se le instó a que mejorara sus relaciones sociales (ella misma se describe como cerrada y algo huraña, sobre todo con desconocidos y con personas con las que no ha cogido confianza) y a que se replanteara la soledad no como algo desagradable, sino como algo positivo y necesario para dejar de saltar de relación a relación. Conseguir una mayor estabilidad era indispensable para ella, con lo que era muy recomendable un periodo sin pareja en el que aprendiera a valorarse más. Este periodo se consiguió –aunque no fue muy largo, porque al poco tiempo inició otra relación- hasta el punto de que se fue a vivir sola, algo a lo que le tenía verdadero pánico.

1 comentario:

RICCI dijo...

interesante, cada caso es unico y diferente pero los que leemos nos identificamos en cierta medida, aunque es facil decir pero cambiar y sacar a las personas del corazón no es fácil al menos en mi caso ni con psicólogos he podido, solo sobrevivo agarrandome de otros sueños sinembargo el dolor dura años, el dolor se va pero los recuerdos no. gracias