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miércoles, 6 de julio de 2011

Transferencia-Contratransferencia


En relación al fenómeno de la transferencia-contratransferencia se puede decir que es un fenómeno universal que se palpa de manera mucho más intensa en los consultorios. Parte del éxito de una psicoterapia reside en manejar la contratransferencia, es decir, manejar las reacciones emocionales del terapeuta o analista en el tratamiento. Existe un fenómeno especialmente delicado, la transferencia erótica. Existe un artículo muy bueno de Gabbard: "Erotic Impasse" en el que se habla muy claro y con un caso clínico sobre este tema tan delicado. Cuando trabaja el terapeuta con el paciente surgen emociones diversas, ya Freud habló del amor de transferencia, otros terapeutas de orientaciones más conductuales lo atribuyen a la dependencia emocional que se genera en los encuentros terapéuticos de corte dinámico.
Hay que aceptar que aparezcan emociones en el paciente, el terapeuta, en cierto modo, es un referente y cada paciente, unos más que otros, pueden fantasear con relación al vínculo que existe en la psicoterapia.
Este artículo que les presento es un fragmento que habla sucintamente de la relación transferencia-contratransferencia, conceptos fundamentales en la clínica, que hay que conocer muy bien y manejarlos con decisión y sensibilidad.
Algunos terapeutas consideran que si el paciente se enamora de su terapeuta la psicoterapia se complicará la psicoterapia, otros consideran que puede ser una palanca movilizadora de cambio y que tratando en sesión ese tipo de emociones el paciente puede avanzar en su tratamiento. Yo pienso que hay que trabajar todo lo que acontece en el espacio terapéutico y en la fantasía del paciente, eso forma parte del tratamiento, nunca hay que dejar por fuera del tratamiento aspectos nucleares como los comentados aquí.
MONOGRAFÍA: "La transferencia en el acompañamiento terapeutico".

AUTORAS: Norma Turcuman y Alejandra Torres

 Introducción

Los seres humanos se conectan entre sí a través del encuentro.

Luego con la interacción, que es la primera forma de comunicación, se va a ir estableciendo un vínculo.

En el vínculo participan dos o más personas, necesitándose una a la otra en la misma forma, y surgiendo en un campo común en el que tiene que haber reciprocidad.

Investigaciones diversas han demostrado que desarrollar un vínculo cálido y empático con el paciente, permite fomentar cambios más rápidos. Y ésta es un poco la clave del Acompañamiento Terapéutico: al establecer un buen vínculo, ligazón, unión o lazo, se van a generar más logros terapéuticos.



Transferencia y Contratransferencia

La transferencia no pertenece exclusivamente al vocabulario psicoanalítico, sino que refiere al transporte, traspaso o traslado de valores, de poder, de derechos, de propiedad, etc.

La transferencia es una actualización de emociones, actitudes, vivencias y conductas inconscientes que se vinculan con el pasado, las cuales se transfieren al otro. Es una repetición en el sujeto de modalidades de relaciones vividas durante la infancia, en especial con objetos primarios. Muestra la influencia del pasado sobre el presente y cómo los vínculos tempranos tienen una repetición en la vida psíquica.



Conceptualización de la transferencia

Existen dos grandes orientaciones en la conceptualización de la transferencia. La primera la considera un fenómeno universal, que se da a diario en la vida cotidiana con cualquier persona con la que nos relacionamos; consistiría en el desplazamiento de emociones y conductas que originalmente se experimentan en relación a personas significativas de la infancia, sobre ciertos objetos actuales. Desde una perspectiva Kleiniana, la transferencia se explicaría por la constante necesidad de los seres humanos de contactarse con otros y, al ser la relación primera la establecida con la madre, todo fenómeno transferencial sería un revivir de este tipo de relación objetal primaria.



La segunda forma de conceptualizar la transferencia, cual es la que normalmente se utiliza dentro de los textos de teoría y técnica psicoanalítica, hace referencia a los procesos de transferencia dentro de la relación terapéutica. Dentro de este contexto, Anna Freud definió a la transferencia como todos los impulsos que experimenta el paciente en relación con el psicoanalista, que no son creación nueva de la situación analítica objetiva, sino que se origina en relaciones primitivas con los objetos y ahora simplemente se reviven. El paciente inviste al analista con un monto de carga que no tiene nada que ver con él. El paciente proyecta sus ideas rechazadas o rechazantes sobre el terapeuta; estos objetos internos rechazados y rechazantes son en el fondo los padres introyectados, lo que explicaría la intensidad de la transferencia en la relación analítica, debido a que estos mismos objetos rechazados son a la vez los objetos necesitados, por los cuales siente amor.

Actualmente, se considera que en la transferencia no sólo se debe considerar la aparición de emociones y pensamientos del paciente en relación directa al terapeuta, sino todo aquello que surge en la relación entre ambos, en la llamada transferencia de situaciones totales. De este modo, también debe considerarse en el análisis de transferencia el modo en el cual el paciente trata de comunicarse con el terapeuta, el modo en el cual intenta aplicar sus sistemas defensivos al terapeuta y su concepción de mundo.



Transferencia positiva y transferencia negativa.

En términos generales podemos decir que la transferencia positiva surge cuando el analizado siente ciertas gratificaciones por parte del analista y se dispone hacia él con una actitud de amor, distinta a la cooperación consciente producto de la alianza terapéutica. Por otra parte, también podemos hablar de una transferencia negativa, la cual se produce cuando el paciente revive en la transferencia conflictos que vivió en su infancia en la figura del terapeuta; normalmente, el terapeuta va a frustrar los intentos del paciente por actualizar los impulsos, de manera tal que éste active sus defensas, respondiendo con hostilidad y agresión.

La transferencia positiva se compone de todos los sentimientos afectuosos infantiles que se actualizan en la persona del analista. Dentro de esta encontramos una transferencia erótica y otra de sentimientos tiernos. La transferencia negativa serian aquellos sentimientos hostiles. Tanto éstos últimos como los eróticos funcionarían como resistencia en e tratamiento. Mientras que los sentimientos tiernos serían el motor de la cura psicoanalítica.

La transferencia positiva es el móvil más importante para superar las resistencias, o sea, hacer consciente lo inconsciente. Cuando la transferencia se vuelve negativa o sexual, se convierte en una resistencia y su análisis y disolución adquieren una importancia esencial para poder continuar el trabajo. Mientras la transferencia resulta de este modo un gran peligro para el tratamiento, se constituye al mismo tiempo en su instrumento más importante, pues la vuelta de los procesos infantiles en la transferencia hace de ella el mejor medio para hacer recordar aquellas vivencias reprimidas. De este modo, el hablar de resistencia positiva o negativa tiene, actualmente, una connotación más bien técnica que valórica, en tanto el análisis y la elaboración de ambas son útiles para el trabajo terapéutico.





La Transferencia y su relación con la resistencia.

Si en el curso de la terapia psicoanalítica la transferencia se vuelve negativa, está se transforma en una resistencia; en general, se consideran resistencias todas aquellas conductas, emociones, pensamientos, impulsos y fantasías que entorpecen el análisis, dificultando los procesos de recuerdo e insight, impidiendo el cambio.

Freud se percató prontamente de esta relación entre las resistencias y ya en su escrito de 1912, "La dinámica de la transferencia", señala la aparición de patrones infantiles de relación que entorpecían el análisis y estableció que la transferencia era una forma de resistencia, en la cual se repiten formas de actuar defensivas para no recordar hechos pasados. Posteriormente, comprendió que la transferencia era un fenómeno mucho más amplio, en el cual se podía incluir tanto los sentimientos infantiles positivos como los negativos actualizados en el terapeuta. De este modo, en "Más allá del principio del placer" (1920), Freud manifiesta que también se puede considerar como transferencia el contenido resistido; el Ello canalizaría transferencialmente sus impulsos hacia el terapeuta y el Yo repetiría las defensas que ocupó en la infancia para protegerse de éstos, oponiéndose ambas instancias reviviendo el conflicto que causó la neurosis.





Contratransferencia

La Contratransferencia sería el conjunto de actitudes, sentimientos y pensamientos que experimenta el terapeuta en relación con el paciente. Al igual que el concepto de la transferencia, la contratransferencia ha poseído distintas implicancias: desde una connotación negativa para Freud, que obligaba a considerarla un proceso a dominar por completo, hasta la actual valoración de este proceso como una importante herramienta terapeútica necesaria para comprender los procesos transferenciales del paciente. La contratransferencia da cuenta de un hecho generalmente olvidado en otro tipo de terapias: tanto el paciente como el terapeuta se encuentran dentro de una relación que es interactiva, por lo que el paciente se verá influido por el terapeuta, tanto como éste por el paciente.

Al igual que la transferencia positiva, la contratransferencia positiva le ofrece al terapeuta la energía necesaria para comprender el inconsciente del paciente. La contratransferencia negativa, por su parte, interferiría en la motivación y en la "objetividad" del terapeuta para realizar sus intervenciones y sería resultado de la adopción de objetos negativos del paciente, aunque también podría ser consecuencia de una falsa comprensión debida la desintegración de los propios objetos del analista. Así, se distinguen dos tipos de contratransferencia: la resultante de la identificación concordante, o sea, con el Yo y el Ello del paciente y la complementaria que resulta cuando el terapeuta se identifica con objetos internos del paciente. En este último caso nos encontraríamos frente a neurosis contratransferencial, la cual es producto de la neurosis del propio analista, que en la situación analítica revive sus conflictos estableciendo una transferencia negativa con el paciente.

Para evitar los efectos perjudiciales de la contratransferencia, el analista debe tener una actitud activa, que le permita sublimar su contratransferencia y mantenerla positiva, o sea, debe mantener una actitud de amor hacia el paciente, a pesar de las agresiones que éste le infiera. Esto responde a un principio fundamental "sólo Eros origina Eros"; vale decir, sólo el amor que entregue el analista será capaz de producir amor en su paciente, de modo tal de transformar las resistencias de éste en la transferencia positiva sublimada que permite el trabajo terapeútico. Por lo tanto, el consejo que Freud daba para dominar la contratransferencia, "la actitud de cirujano", no se refiere mostrarse inhumano y frío, sino que a la conveniencia de no contestar a una transferencia negativa.

De lo anteriormente expuesto, se deduce que el terapeuta no puede actuar los papeles que espera el paciente que asuma, situación de gran importancia cuando los pacientes tienden a ser manipuladores y difícil de controlar cuando tienen personalidad limítrofe. Sin embargo, puede hacerlo cuando las interpretaciones no surjan efecto, y luego de esta actuación se analiza lo sucedido, convirtiéndose la actuación en un medio consciente para lograr una interpretación.

Si bien las recomendaciones que se puedan hacer al terapeuta son muchas, no hay que olvidar que es un ser humano y muchas veces puede olvidar tales recomendaciones porque, al igual que sus pacientes, tiene inconsciente y deseos infantiles. No es realista creer que todo terapeuta es un super-hombre o una super-mujer que puede manejar con total facilidad la transferencia negativa del paciente y ser capaz de brindarle amor y mantener una contratransferencia positiva, cuando el paciente lo agrede continuamente. Es un deber ético para el psicoterapeuta el someterse a una terapia para conocer sus conflictos y limitaciones, tanto por su propio bien como para el propio paciente.

2 comentarios:

mari paz dijo...

con relación a la transferencia si el paciente es obsesivo e intenta comunicar con el ex terapeuta que recomienda un silencio total y completo ante sus insistentes correos y mensajes? gracias

Anónimo dijo...

hola, soy acompañante terapeutica y estoy haciendo mi primera pasantia. me siento muy bien donde estoy pero se dio una transferencia erotica con un paciente. cuando trabajamos en grupo en un taller, a mi no me pasa nada, pero cuando estoy a solas con el, ya que ya le dieron el alta y sigue participando de los talleres, o sea que al salir me acompaña, me siento muy atraida y me cuesta manejar la contratransferencia. en diciembre termino mi pasantia, a veces pienso que me gustaria conocerlo mas adelante, lo que si, mientras este ahi como acompañante, no voy a ir mas alla.